La Iliada como nunca te la han contado: a través de los ojos de Briseida, la princesa troyana por la que Aquiles y Menelao se peleaban. Ella lo vio matar a su marido y a sus hermanos; luego, fue entregada como premio por la matanza, convertida en esclava, violada por él todas las noches, luego cambió de dueño, pasando de mano en mano como odre de vino en un banquete. Odiando a sus captores, y al mismo tiempo aterrorizada de que un día se cansen de ella y la entreguen a las tropas, para ser violada cada noche por docenas de hombres y no solo por uno (como le sucedía a las mujeres que no pertenecían a la realeza). Imposible huir o resistirse, ya que en el campamento había 50.000 soldados enemigos. Y, de alguna manera, todas esas mujeres destrozadas encuentran la fortaleza para adaptarse y sobrevivir.
(Claro que, a las mujeres de aquella época, con catorce años las entregaba su padre como esposa a un completo desconocido, y estaban obligadas a acostarse con él cuando él quisiera, les gustase o no, les apeteciese o no, así que tampoco era una situación tan diferente como lo seria para una mujer moderna).
No recuerdo la última vez que un libro me hizo llorar, pero este lo consiguió. La historia de esta guerra es la historia de todas las guerras. La historia de estas mujeres es la historia de todas las mujeres.
Tres mil años después seguimos haciendo películas y homenajes a una pandilla de asesinos y violadores en serie. No hemos aprendido nada. Lo que hacen películas como Troya de Brad Pitt o La odisea de Nolan (y cualquier otra versión) es romantizar la guerra y a los guerreros, minimizando o ignorando sus crímenes (como las esclavas de Penélope que Odiseo mandó ahorcar a volver a palacio). En ninguna de ellas se les muestra atravesando el vientre de una mujer embarazada con la lanza, por si acaso lleva dentro un varón. Por ejemplo.
Después de leer las "grandes hazañas" de estos guerreros, me alegra aún más saber que la mayoría nunca regresó a casa. Me alegro que Polifemo se los comiera a bocados, y espero que disfrutase del banquete.
"Vamos, si a eso se le podía llamar sobrevivir. Porque había mujeres en el campamento, a las que les mataron a los hijos en sus mismas narices, que no habían recuperado todavía la facultad del habla; iban dando trompicones, de un lado para otro, con la mirada perdida, presa de la conmoción. Con el tiempo tuvieron hijos con sus nuevos amos, y a esos también los amaron, porque así somos las mujeres". Briseida.
