Me encantan las historias basadas en hechos reales, donde personas corrientes realizan proezas extraordinarias. Esta es una de esas. Una joven que amaba el mar y la natación consiguió cruzar el canal de la Mancha cuando solo cinco hombres lo habían conseguido antes... y lo hizo dos horas más rápido.
La historia comienza con un barco que ardió a solo seis metros de la costa. Casi todas las mujeres a bordo murieron , porque ninguna sabía nadar. Nadar no es propio de señoritas. Ningún deporte lo es, menos uno en el que llevas poca ropa. Lo propio de las señoritas es elegir entre morir en un barco en llamas o en el mar, porque no puedes mantenerte a flote cinco minutos. ¿Os acordáis de aquella frase famosa "el machismo mata más que el coronavirus"? Totalmente cierta. Cada día descubro una nueva forma en que el machismo mata a las mujeres.
Una frase del libro que no sale en la película: después de la tragedia del barco, muchas mujeres y niñas empezaron a aprender a nadar. Uno de los profesores dijo "enseñar a las niñas es muy fácil; las adultas, en cambio, tienen fobia al agua, porque a todas, en algún momento, un hombre las empujó al río". Empujar al agua a alguien que sabes que no sabe nadar, que puede hundirse fácilmente con el peso de esos enormes ropajes que llevaban, y darle un susto de muerte. Que divertido, ¿no?
Lo que me extraña es que, tanto que dan siempre la vara con la "diversidad" y la "inclusión", para una vez que tienen a una protagonista discapacitada, en toda la película no mencionan ni una sola vez que Trudy es sorda. Después de pasar el sarampión sufre varias otitis, en una época sin antibióticos, va perdiendo oído pogresivamente, y para cuando cruza el canal practicamente no puede oír nada.
"Simplemente sabía que si se podía hacer, había que hacerlo, y lo hice". Gertrude Ederle.
