viernes, 15 de mayo de 2026

Nala


 

Estamos tan acostumbrados a que matar animales salga gratis (y a que los delincuentes multi reincidentes campen a sus anchas), que todo el mundo está celebrando que se haya expulsado (¡por cinco años! Ni siquiera de por vida), a un asesino. Su "castigo": un billete gratis a su país, que normalmente le costaría más de mil euros. Como no tenía trabajo, ni casa, no pierde nada, sale ganando.

"Se ha hecho justicia", dice todo el mundo. No, ni de lejos. El monstruo este (que tiene antecedentes de maltratar a todas sus parejas), en una discusión con la novia, que ya no le aguantaba más, tiro a su gata por la ventana, le dio con una escoba veinte golpes en la cabeza, y luego la pateó varias veces, hasta que la policía le detuvo. ¿Motivo? Torturar psicológicamente a su ex, por venganza. Para que se hiciese justicia habría que atarlo a un poste en la plaza del pueblo y golpearlo sin piedad, hasta la muerte. Esa es la única justicia. Lo demás son patrañas.

Hubo un tiempo, cuando era joven e inocente, en que creía que se podía rehabilitar a los delincuentes. No se puede. Como en este caso, siguen haciendo daño, y siguen, y siguen, hasta que alguien les para, o hasta que mueren de viejos, que es lo más habitual. Este tipo ya había maltratado a varias mujeres; si lo hubiesen detenido a la primera, las otras mujeres no habrían sufrido, y Nala seguiría viva. Y si no dejásemos entrar al país a toda la escoria del planeta, también. No, no me voy a olvidar de que es un inmigrante ilegal que ha venido al país a maltratar mujeres y asesinar animales. No le necesitábamos y nunca debió entrar.

Sí, ya sé que aquí también tenemos escoria asesina, como una mujer que lanzó a sus dos perritos por la ventana de un octavo piso porque "estaba harta de pasearlos". Sinceramente, si dependiera de mí, la condena seria que la tirasen a ella por la misma ventana. Eso no cambia que Nala seguiría viva si esa basura no hubiera entrado. Como la niña de 15 años que un marroquí degolló en plena calle hace una semana, en Barcelona. Cualquier castigo que no sea degollarlo a él, es un insulto a la memoria de la víctima.

Tenemos tantos miramientos con los delincuentes y sus "derechos", que al final los que no tenemos derechos somos los ciudadanos decentes. Tenemos que asumir que hay gente (mucha) que es mala porque sí; no por pobreza, hambre, trauma, lo que sea, si no porque disfrutan haciendo daño. Lo único que puede controlarlos un poco, es el miedo al castigo, a las consecuencias. Si hay impunidad, ven que pueden hacer lo que quieran y no pasa nada, y su nivel de violencia va escalando. Hay que clonar a Bukele.

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