Natalie es la madre y esposa perfecta. Tiene 32 años, cinco hijos y embarazada del sexto. Vive en una granja que lleva con su marido, cocina su propio pan de masa madre y educa en casa a los niños. También es influencer: tiene cinco millones de seguidores en Instagram a los que les cuenta cada día lo maravilloso que es ser esposa y madre, cuidar de tu familia y pasar tiempo con tus hijos.
También tiene un montón de dinero porque si marido es hijo de un senador. Tiene una productora, un técnico de video, un técnico de sonido, dos niñeras y tres jornaleros. Los jornaleros se ocupan de la granja mientras su marido se pasea en tractor ante las cámaras. Las niñeras cuidan a sus hijos y les dan clases (una es profesora) mientras ella se maquilla y se graba en la cocina amasando el pan ("el delantal, de algodón orgánico y botones reciclados, está a la venta en nuestra tienda online por 140 dólares"). Las cámaras la siguen y la graban cuando va al gallinero con sus hijas a buscar huevos. "¡Buenos días, señoritas!", les dice a las gallinas. Pero no se ha grabado bien, así que tiene que salir, volver a entrar y repetir la toma.
Natalie se dedica a repetir que las mujeres no necesitan una carrera profesional, que la felicidad consiste en ser esposa y madre... pero ella si tiene una carrera. Su carrera consiste en fingir que no tiene ninguna. Y gana 80.000 dólares al mes por ello.
Me recuerda a cuando se hizo famosa Rorro. Supuestamente tenía un canal de cocina, pero en vez de un delantal se viste elegante y sexy, con mucho escote que enseñe las tetas, y al mismo tiempo habla con voz aniñada, lleva unas gafas enormes y parece una niña vestida con la ropa de su madre (nada de vibras pedófilas por aquí, circulen). Y el secreto de su éxito es que no decía "hoy voy a hacer croquetas", si no "mi novio Pablo me ha pedido croquetas". El producto que vendía era la fantasía de que era la esclava de su pareja. Tenía millones de seguidores, casi todos hombres. El vídeo en el que conocí a Rorro es maravilloso desde el punto de vista de la hipocresía. Empieza con su voz de niña de cinco años "Mi novio Pablo me ha pedido que está noche prepare hamburguesas, porque ha invitado a sus amigos a ver el fútbol". Yo le diría "son tus amigos y tú los has invitado, haz tú la cena, yo me voy al cine". La mayoría de mujeres que conozco (por no decir todas) saldrían corriendo al supermercado y volverían con hamburguesas, panecillos, ketchup, etc, pondrían las hamburguesas en la plancha, etc. Rorro procede a: amasar el pan desde cero, dejarlo reposar para que leve, coge carne y la pica en la picadora, le añade las especias y prepara una masa, sale al huerto a buscar tomates, prepara el ketchup, pone el pan en el horno, prepara las hamburguesas y las pone en la plancha, saca el pan del horno, pone ketchup y las hamburguesas, lo pone todo en una bandeja, y la vemos entrando en el comedor a servir a su novio y los amigos, que están en el sofá viendo el fútbol y ni la miran, no le dan las gracias por dedicar seis horas a preparar la cena. Mientras, en los comentarios, todos los hombres babeando "es la mejor novia del mundo, yo quiero una como esa", sin darse cuenta de que es todo mentira, porque si ella lleva la bandeja y su novio está en el sofá, ¿Quién la sigue con la cámara?
Ni Natalie ni Rorro son esposas o novias, son actrices. Es pornografía doméstica para hombres que quieren imaginar que alguien se ocupará de todas sus necesidades sin que ellos tengan que participar en nada.
"Cuando era niña me hablaban de las mujeres pioneras, a veces eran secuestradas por los salvajes. Pero nadie me dijo que esas mujeres ya eran prisioneras". Natalie.
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